Los Ciudadanos Olvidados

Mafalda MundoTiempo atrás, en mi centro de trabajo, existía descontento entre los empleados por las políticas que la empresa implementaba. Si bien algunas áreas mantenían poca rotación de personal, en otras ésta alcanzaba niveles alarmantes, la cual adjudicaban a efectos de difícil medición como un supuesto efecto de la generación millennial y otros similares. La estrategia de la empresa para mantener al personal, desde mi punto de vista, fue mala. Mientras que en áreas de ventas los ingresos mantienen a los colaboradores en la compañía, en áreas de proceso y producción esto no sucede así pues las jornadas laborales extenuantes, malos pagos, junto con un mensaje sólido y sordo desde la Dirección que silencia cualquier inconformidad, además de la desestimación del talento de las personas, provocan que los empleados busquen una salida y tomen -muchas veces- la primer alternativa que se les presente y aparente mejorar sus condiciones de trabajo.

No será quizás el caso de una, sino muchas compañías en México y el orbe, en la que los colaboradores se subestiman y solo una élite parece beneficiarse ante los ojos de los demás (aunque esto no sea así) y en la que la mala gestión de los directivos hacia sus empleados y el no atender y escuchar sus necesidades laborales provoquen que algunos empleados se sientan poco apreciados e ignorados.

Tampoco es un caso exclusivo de empresas, es algo que sucede en toda institución y -por ejemplo- los gobiernos y países no son la excepción.

Respecto a esto último, hago referencia a la que -hasta hoy- consideramos lamentable elección del Sr. Donald Trump en Estados Unidos. Muchos ciudadanos, “líderes de opinión” y políticos erróneamente critican llamando ignorantes a quienes lo respaldaron, otros más acusan a los ciudadanos estadounidenses de votar contra ellos mismos, insultan a seguidores de Trump y no faltan señalamientos negativos para sus electores, perdiendo el foco de lo que realmente sucedió en los últimos años y derivó en la derrota electoral demócrata.

En búsqueda de un poco de serenidad y frialdad en el análisis de lo sucedido el pasado 8 de noviembre, comento lo siguiente:

Sin desestimar la posible ignorancia y demás factores que influyeron en la elección, pienso que Donald Trump, con todo lo negativo que puede implicar su futura gestión, es resultado del establishment que parece solo trabajar para las élites político-económicas y que obliga a los ciudadanos a aceptar -sin rechistar- lo que ellos digan y establezcan. Considero que, en el Partido Demócrata, se cometió un error al enviar a Hillary Clinton a la contienda electoral pues fue un mensaje duro y sordo para aquellos ciudadanos que se sienten ignorados por dichas élites, que sin embargo encontraron en Donald Trump una oposición al sistema que no los escucha, los desestima e ignora.

Entonces aunque Hillary Clinton ganó el respaldo popular nacional, bajo el actual formato electoral ella nunca terminó por enganchar con los ciudadanos ignorados a quienes -con mucho mérito- Donald Trump sí cautivó y, ya sea inteligentemente o no, optaron por no respaldar al sistema que no los toma en cuenta y solo decide por sí y para sí mismo.

Concluyo entonces:

El Partido Demócrata decidió ignorar a los ciudadanos y apelar a la preservación del actual sistema y aún en el discurso de aceptación de la derrota el aún presidente Barack Obama mostró poca capacidad de autocrítica, como muestra de los síntomas que desencadenaron la derrota de su partido.

La percepción casi generalizada en la sociedad es que los gobiernos actuales en su mayoría no escuchan ni trabajan para sus ciudadanos gobernados y al igual que los empresarios que ignoran a sus colaboradores, provocan que estos evalúen alternativas y opten por ellas aún cuando probablemente no sean las mejores. El razonamiento puede ser simple: “Donald Trump se comunica de forma pésima, pero ataca a quien me ignora y se burla del sistema que no me comprende“. Una conclusión así de sencilla puede ser suficiente para tomar una decisión de voto y elegir algo diferente a “lo mismo de siempre”.

Al final, en la política la ignorancia y pasividad de la sociedad es un arma que si la usas demasiado a tu favor, se volverá en tu contra, es solo cuestión de tiempo para que alguien la aproveche.

Los ciudadanos olvidados sí recordarán entonces al político que no los escuchó jamás.

Eduardo Porras

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Categorías:Ciudadanía, Democracia, Estados Unidos, Gobierno, Poder, Política

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