Cuarón y los Periodi-Stars

Algunos dicen que fue Gabriel García Márquez en la Asamblea de la SIP el 7 de octubre de 1996 quien dijo que el periodismo es el mejor oficio del mundo, otros comentan que él simplemente hizo que se hiciera más conocida la frase. Lo que es cierto es que los periodistas, muchos de ellos, realmente piensan que lo es y viven pregonándolo y presumiéndolo, pensando que son intrínsecamente geniales.

arrogante narcisoYo, personalmente, pienso que mi trabajo es mejor que el de los periodistas, también conozco a ingenieros proyectistas, programadores, arquitectos y doctores que piensan igual. Así que digo a los periodistas que no, no tienen ustedes el mejor oficio del mundo, solo resulta que tienen un trabajo que les infla el ego muy rápido y les hace creer que no solo su trabajo “se cocina aparte”, sino ustedes mismos -como personas- también. Habrá quienes no sean así, hoy es hora de cuestionar a quienes solo pueden ver en el espejo el reflejo de su ego inflado.

El pasado lunes 28 de abril, el cineasta mexicano Alfonso Cuarón publicó una serie de preguntas al presidente mexicano Enrique Peña, en las que cuestiona los supuestos beneficios que la reforma energética tendrá para México. Estas preguntas hechas por Cuarón, aprovechando su posición ante la sociedad y medios, causaron de inmediato revuelo, generando simpatías y rechazos entre la población, gobernantes y periodistas.

Varios periodistas se molestaron por la publicación de Cuarón, algunos argumentando que solo los expertos podían opinar sobre el tema, otros acusando de falta de rigor periodístico y otros más cuestionando el lugar de residencia y trabajo del cineasta, señalando que por no vivir, trabajar y producir en México no tiene derecho a opinar.

Creo que aquí tenemos varios errores de parte de quienes ningunean la opinión de Cuarón:

El primer error que cometen los periodistas que descalifican a Cuarón por “atreverse” a confrontar al presidente es pensar que solo un experto puede opinar de un tema. El problema con esto es que se puede llegar a creer en un experto manipulado, como los pseudocientíficos que intentaron mostrar las bondades del plomo a finales del siglo pasado para no perjudicar a las industrias que utilizaban y comercializaban productos con este metal. El segundo error consiste en descalificar una opinión solo por la posición de Alfonso Cuarón como ciudadano, porque aprovecha su postura delante de la sociedad, sabiendo que será escuchado por, precisamente, ser “quien es”. Un tercer error es pensar que un mexicano solo puede opinar sobre nuestro país si vive y trabaja en México, cuando muchos mexicanos con condiciones iguales, peores o realmente decadentes comparadas con la de Cuarón son forzados a buscar oportunidades fuera de nuestro país, sabiendo que si se quedan aquí difícilmente lograrán lo que -al menos económicamente- pretenden en su vida, agregando que muchos se van porque aquí no tendrían ni para comer, y eso no les quita el derecho de opinar e incluso quejarse sobre lo que aquí sucede y, quizás, los forzó a irse del país.

Pienso que las preguntas de Cuarón incomodaron más al periodismo “agachón” y sometido de México. Quienes desde su posición en los medios de comunicación despreciaron esas diez preguntas han de sentirse mal porque ellos no pueden preguntarle nada al presidente pues su mismo medio de información les impediría hacerlo y tampoco pueden pagar una publicación cuestionando, por la misma razón. Quizás están celosos porque un cineasta puso en jaque e hizo ver muy mal a la Presidencia de la República al responder con una evasiva al cineasta, para luego rectificar e intentar responder, mostrándose más débil aún al carecer de fortaleza para dar respuestas sólidas y bien argumentadas.

Acéptenlo, estimados periodistas, Alfonso Cuarón hizo algo que ustedes no han podido: hacer ver mal y débil a la Presidencia de la República.

Con una cantidad enorme de medios de comunicación literalmente “amaestrados” por el gobierno federal, con tan poca crítica periodística y mismos periodistas aplacados por sus medios y/o forzados a hablar bien y bonito del presidente y hasta defenderlo (sutil o abiertamente), no veo el punto negativo de que el Sr. Alfonso Cuarón, usando recursos propios o ajenos, haya hecho algo que la presidencia no ha hecho: forzarlos a tomarnos en cuenta e intentar dar respuestas en vez de evasivas (aunque volvieron a dar evasivas en su primer intento).

Éste es un buen momento para los periodistas para reflexionar si quieren ser Periodi-Stars, buscando siempre reconocimiento y aplauso como agencia de relaciones públicas de la presidencia, o ser comunicadores al servicio no solo de los medios, sino de la sociedad. Y para la oposición, sería hora de ver lo que pueden hacer fuera de sus acciones tradicionales, que pocas veces llaman la atención de los ciudadanos y mucho menos la del presidente.

Quizás el periodismo sí es el mejor trabajo del mundo, pero solo en el papel, idealmente. Toca a cada periodista, en lo individual, volverlo “el mejor” además de dejar de inflar su ego para poder informar apropiadamente, aceptando cuando algo está bien hecho y merece el reconocimiento social y de él mismo, como en el caso de “las preguntas de Cuarón”.

Eduardo Porras

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Categorías:Democracia, Gobierno, Información, Medios de Comunicación, Mexico, Periodismo, Poder

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