Rompiendo Twitter

Algo lógico, estadísticamente hablando, es que entre más grande sea una muestra respecto al universo que representa, más se encontrarán en dicha muestra las características del grupo del que surgió.

Con esto, creo que vale hoy comentar lo que pienso que es Twitter-hoy con respecto a Twitter-ayer, tomando como ese “ayer” los inicios de la red social, antes de que fuese un lugar popular y variado, en lo que respecta a la población general.

la fotoRecordando un poco de cuando esto empezó, era muy interesante llegar a Twitter y encontrarse un tema de discusión que podía ser complicado de hablar en familia, en el trabajo o con amigos; se tenía -por mucho- un sitio donde un tema podía ser discutido inteligentemente y había muy poca discriminación ideológica, religiosa, etc. Y se discutían temas complicados que, entre muchos, tratábamos rápido y sin pelear, como cuando se propuso la legalización del matrimonio entre homosexuales y algunos contactos homófobos comenzaron a vociferar y pronto, entre muchos, convertimos los alegatos en un debate de ideas, buscando ilustrar desde nuestra posición, no ofender ni discriminar (claro, siempre que la persona estuviera dispuesta, si no, solamente nos hacíamos a un lado, sin ofender).

Eran, pues, otros tiempos, con menos gente y, por tanto, con más afán de conocer a otras personas que por encontrar iguales. Simplificándolo: eran tiempos de muchas ideas y debates. No, no eran debates de gran elocuencia o de élites intelectuales, eran debates entre personas que buscábamos un entendimiento entre todos. Pocos eran quienes realmente tenían posturas inflexibles y, aunque las tuvieran, para permanecer ahí tenían que tolerar las ideas de otros y respetar a los demás. Hacíamos trivialidades también, como seguir a una bebé japonesa de 3 meses que “tuiteaba” mientras se movía en su cuna y cosas similares, pero también fueron interesantes momentos de encuentro entre -por ejemplo- analistas políticos, ingenieros, administradores, periodistas, editores, etc…

Entonces se interactuaba diferente, había una percepción de “horizontalidad”, en la que la posición pública de todos nosotros era igual a la del político, del reportero, del editor, del alcalde, del diputado, etc… Incluso lo hacíamos notar, no solo podías contactar a alguien que de otra forma no hubieras podido, sino que ese alguien charlaba contigo de igual a igual y si había distinciones, éstas quedaban fuera de Twitter, lo veíamos como un centro de inteligencia colectiva… y pienso que -en un nivel muy básico- lo era. Las ideas y diferencias se discutían, no se imponían (generalmente).

No es extraño, entonces, que en este tiempo que Twitter ya se popularizó, éste sea un reflejo de lo que es nuestra sociedad -fuera de la red social-.

Así, es hoy en día muy común encontrarse con situaciones de distracción masiva como los casos en que la gente prefiere imponer su punto de vista y su moral (sin discusión) a partir de lo que hace o no hace un artista popular, que sin oportunidad de justificar tus posturas políticas se te insulte por haber votado por tal o cual candidato, que (otra vez sin decir pío) te etiqueten de ignorante porque se te ocurrió leer solo 2 libros (o quizás ninguno) al año en vez de devorar 52.

Es muy común también que la práctica de relacionarse solo con “tus iguales” se replique en Twitter, por ello es normal ver que muchos periodistas solo hablan entre ellos y que algunos parecen escribir solo para gente de su gremio, que los políticos solo sigan a su círculo cercano o prefieran alejarse de la gente en Twitter, haciendo que un becario lleve su cuenta (la que termina siendo de difusión e informativa), y a la gente -en general- solo interactuando con un cerrado círculo de interés.

Sí, somos libres de elegir a quién seguir, lo cual es cada vez más difícil entre tanta trivialidad, soberbia e individualismo. Creo que eso que pensábamos que iba a ser, derivó en un raro engendro que solo puede replicar a la sociedad, a la que cada vez representa y se parece más.

Quizás no sea tan malo, pero no es todo lo bueno que creíamos que era o quizás no podía ser otra cosa. Fue genial alguna vez… hoy, pienso, es solo una red social, nada más, en donde poco a poco lo colectivo tiene menos valor y lo individual adquiere peso; un sitio que es cada vez más usado para leer noticias que para interactuar con otras personas de distintos intereses. Esto, claro, con pequeñas excepciones.

Tal vez, como dijo una persona a quien me agrada leer en Twitter, Oscar G. Campos: Ya no hay diálogo. Ya no hay debate. Sólo entre cuates y pares. Es, pues, un reflejo de nuestra sociedad. Ya rompimos Twitter.

Y como no pienso replicar tal actitud, pregunto: ¿qué opinas tú, lector, sobre esto?

Eduardo Porras

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Categorías:Ciudadanía, Decadencia, Redes Sociales, Sociedad, Temas Generales, Tolerancia

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