La Otra Guerra Sucia

Recién terminó la temporada 2011 de la NFL en este deporte que, desde mi punto de vista, lleva la competitividad al límite, especialmente en postemporada y en donde un pequeño error o una genialidad ante la adversidad puede desencadenar en la victoria o la derrota. Pienso en las similitudes de la contienda electoral en México y los playoffs recién vistos en la NFL (o en cualquier deporte), en ambos se trata de llegar a un objetivo y los movimientos estratégicos son clave ya sea para avanzar o para aprovechar los errores del oponente en beneficio nuestro o perjuicio de éste.

Sin embargo hay una diferencia clara entre las competencias electoral y deportiva, y es que es más fácil hacer que ésta última se adapte a la ley a que la primera busque hacerlo, generalmente la electoral juega demasiado en el filo de la legalidad y muy adentrada en terrenos poco éticos.

Tenemos muchos problemas como sociedad, vivimos en un Estado que no funciona bien o no funciona para nosotros, en donde la indiferencia social (del individuo por los demás) se refleja en la indiferencia del gobierno hacia la sociedad. Así, tenemos a gobiernos presuntuosos y que se vanaglorian de logros o bienes intangibles y poco comprobables de sus Estados mientras sus sociedades decaen y sus administraciones son de mediocres a pésimas.

Además de la llamada guerra sucia electoral, la cual termina con las elecciones, viene otra guerra sucia, más pasiva, menos perceptible pero de mayor trascendencia y es la hecha por la sociedad misma y del gobierno hacia ésta.

Charlando con personas cercanas a mi, ya sea por familia o por trabajo, se escucha desesperanza y poca confianza en los gobiernos, comentan que de poco sirve poner denuncias por delitos cometidos hacia nosotros si la misma policía parece coludida con delincuentes (roba-carros, por ejemplo); si los mismos agentes del ministerio público no están para servir a la sociedad y en vez de abrir investigaciones buscan la manera de cerrarlas para no meterse en tanto problema (o para trabajar menos); si los Diputados y Senadores son sirvientes de los empresarios y de sus partidos y muestran nulo interés por los problemas, y propuestas, de la ciudadanía.

Otra guerra sucia, que hago notar, es la descarada forma de mentirnos de parte de los partidos políticos y sus candidatos, creo que si manejasen en las campañas que realizarán donaciones a la Iglesia Católica con inmorales desvíos públicos, muchos no les hubiesen votado; si nos comentaran en su campaña que gastarían enormidades de dinero en el manejo poco útil socialmente de la imagen del gobernador tampoco hubieran ganado muchos adeptos.

Somos víctimas de una guerra sucia constante de parte del gobierno, con sus formas poco claras de manejar las finanzas estatales, con las inversiones excesivas en obras “de relumbrón” (con sus respectivos desvíos hacia cuentas personales) y su obsesión en “quedar bien” para que el partido político que los llevó al poder gane en las próximas elecciones y no para beneficiar a la sociedad, en donde el gobierno está más dispuesto a invertir en callar a los ciudadanos que en escucharlos.

Esta es la guerra sucia que a mi, ciudadano, me preocupa; la guerra que usa mis impuestos para servir a intereses ajenos a mi y cuyas actividades y resultados no me benefician; la que mantiene y privilegia a policías corruptos, empresarios más corruptos aún, a partidos políticos y sus afiliados con intereses no-sociales y a grupos delictivos utilizando mis recursos para apoyar proyectos personales y descuidar todo lo que realmente nos beneficia.

El deporte sabe ganar adeptos haciendo a la gente partícipe de una identidad a través de un equipo, a través de éstos nos sentimos victoriosos o derrotados junto con ellos, tal como me sucede a mi con mi equipo en la NFL. En la política, en nuestra política, la identidad solo nos sirve para sentirnos burlados por aquellos que dicen representarnos, que juegan sucio contra nosotros constantemente.

Y descaradamente se asombran porque la gente prefiere anular su voto o no acudir a votar.

En las campañas políticas y en el gobierno, tal como en el deporte, hay mucha publicidad, muchos esfuerzos por ganar la atención… pero casi nula competitividad, resultante en una productividad nula en el uso de nuestros recursos.

Eduardo PS

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Categorías:Ética, Decadencia, Democracia, Mexico, Poder, Política, Sociedad

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3 respuestas

  1. Es tan triste que siendo un pais tan rico en muchos aspectos, permitamos que frente a nosotros el propio gobierno solo vea para sí y nosotros no estemos ni siquiera en sus planes de ser favorecidos con alguna reforma o propuesta sino que pareciera que efectivamente como comentas, intentan hacernos show de lo “maravilloso” que es tal candidato para la presidencia o cualquier puesto político y lo peor viendolos gastar millones de pesos en su publicidad, cuando nuestro país refleja carencias en otros aspectos.

    Felicidades por tu artículo, es importante estar en constante reflexión al respecto.

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  2. Una guerra sucia que ya tenemos perdida; increíble ver como el gobierno nos pisotea con sus caprichos, con sus propuestas insípidas y poco convincentes porque no benefician más que a sus intereses y por eso nos censuran cada vez que criticamos sus decisiones o propuestas en las redes sociales.

    Desafortunadamente somos un país permisible y que olvida muy rápido, mientras en otros países la gente sale a la calle a protestar por las condiciones poco favorables que viven a diario, en este país no protestamos y algo peor, ¡No Proponemos! ya sea por miedo o porque simplemente salimos a la calle a “ganarnos el pan” y no tenemos tiempo para esas cosas…

    Problema de fondo, yo afirmaría, años y años de tolerar, desde nuestros hogares, escuela, trabajo…

    Saludos
    ¡Excelente analogía con la NFL!

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  3. Estoy de acuerdo en los argumentos, Eduardo, no nos conmueve la forma de gobernar de parte de quienes están al frente POR MANDATO CIUDADANO y menos aún por los que llegaron vía compadrazgo y cadena de favores gracias a las listas plurinominales, pero el voto anulado es un voto al mapachismo, es un aliciente al chanchullo, del partido que me digas.

    Porque hoy en día, los movimientos territoriales de los partidos grandes y de los aliancistas están captando los datos de quienes se dicen ajenos al proceso electoral y, aunque les cueste más trabajo, el fraude será mucho más refinado: van a hacer votar a todos aquellos que manifiesten abiertamente que no lo harían n julio.

    Que los argumentos deriven en la participación ciudadana y no en la componenda de estrategias marrulleras, repito, de cualquier partido, sería un fin muy objetivo de nuestra pluma.

    Un fuerte abrazo,

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