Overreacting

Me gusta la palabra “overreacting”, así en inglés, en español no suena bien como una sola palabra sino como definición: “reaccionar de forma exagerada o con fuerza excesiva”.

Quiero exponer y analizar en esta ocasión 3 casos particulares pero desde la misma perspectiva o con el mismo sentido crítico, comenzando por la famosa carta de Kate del Castillo, mas intentando centrarme en las reacciones observadas en usuarios de redes sociales; además de las reacciones de la gente a las acciones del ya tan mentado empresario Miguel Sacal y terminando con las reacciones de otros a la postulación de Isabel Miranda de Wallace como candidata por el PAN para gobernar el Distrito Federal.

Caso 1:

De entrada quiero decir que la reacción exagerada de mucha gente hacia la carta mencionada, junto con algunos comentarios de un familiar cercano desestimando las críticas, me hizo tener que re-leerla este fin de semana para concluir lo siguiente: muchos opinamos cosas similares a lo que Kate del Castillo expresó, incluso si lo analiza usted hay un cargo de ironía en su texto y si bien no es nada nuevo lo que ella expresa pues otros tenemos ideas similares sobre lo establecido y bien visto socialmente, lo que más se cuestionó fue el “llamado” a el “Chapo” Guzmán para “traficar con el bien”, lo que también puede ser interpretado de muchas maneras, sarcásticamente también, si usted gusta. Capturó mi atención que un internacionalista le dedicase espacio para análisis a la misma carta, análisis – creo yo – cargado con “moralina“, por cierto. Al final, lo que muchos no entendieron es que cada quién puede opinar lo que le de la gana y que aunque a usted puede gustarle o no, no tiene nada de malo cuestionar lo establecido y tratar de leer entre líneas. Tampoco creo que el narcotraficante más buscado y poderoso del mundo se de tiempo para leer y atender solicitudes de tregua o de cambiar de producto a traficar. Lo demás son opiniones que muchos compartimos, y otras que no… nada fuera de lo normal. Sin embargo las reacciones de muchos son insultar, tanto a quien expuso la carta como a quien llega a estar de acuerdo con ella, mediante expresiones como: “me parece idiota pensar así”, etc., en vez de realmente analizar el texto, desmenuzarlo y cuestionarlo con sensatez.

Caso 2:

Por otro lado tenemos el caso de Miguel Sacal, una persona incapaz de controlar su ira y que, combinado con el poder que le da su dinero, parece hacer uso constante de métodos violentos para imponer su voluntad y de alguien que, bajo el personaje de un payaso llamado “Platanito” acostumbra hacer chistes ofensivos contra personas discapacitadas, enfermas… o muertas y que tuvo a mal, ignorantemente, hacer un chiste sobre los niños fallecidos en el incendio de la Guardería ABC. En ambos casos muchas reacciones consisten en insultar a la persona que ofende, incluso con insultos que denigran al ofensor al punto de considerarlo “animal”, entre otras cosas. Es decir, en vez de invitar a una reflexión (como antes lo apuntaron @karyva en su blog y @veriky en su timeline) se llega a insultos y cosas que no llevan a nada, que incluso el mismo ofensor tan cuestionado difícilmente leerá.

Caso 3:

Hay más casos, como el de la candidatura de la señora Isabel Miranda de Wallace para gobernar el Distrito Federal que causó revuelo pero enfocado hacia el cuestionamiento político con tendencia partidista o bien hacia una especie de “idolatría” hacia la señora Miranda, como si nadie pudiese criticarla por nada o como si todos debieran estar de acuerdo con ella y nada en ella fuese cuestionable. En este caso hubo “overreacting” de ambos lados: de los críticos no-centrados en las ideas de la persona sino en el partido político y de parte de quienes no se atreven a criticarla. Esto me recuerda a los “amantes” y críticos del Teletón, que por su cerrazón y afán de diferenciarse de quienes participan – o no – de éste, hacen que se pierda la crítica objetiva, también existente.

En todos estos casos hay reacciones excesivas, y como ya se apuntó en otro texto, una tendencia a llamar estúpido o “ningunear” a alguien que ofende, a centrarse en atacar a la persona y no a sus acciones, a denigrar y a no llegar a ningún lado.

No le escribo esto porque yo no lo haga, procuro no hacerlo y antes lo hacía mucho, pero es posible moderar nuestras reacciones para tratar de llegar a un punto que nos haga reflexionar, y no desahogarnos solamente.

Eduardo PS

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Categorías:Ciudadanía, Decadencia, Educación, Redes Sociales, Sociedad

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5 respuestas

  1. Excelente tu reflexión, coincido en que se ofende, se insulta como recurso fácil y rápido en lugar de apostarle al análisis y a la reflexión de qué hacemos nosotros que sea similar a lo que criticamos. Como he puesto en varios tuits no basta con indignarse virtualmente porque un funcionario, un comediante o una persona discrimina sino entender y reconocer nuestras prácticas cotidianas de discriminación y de odio sólo así avanzaremos como sociedad de lo contrario es el interminable círculo del odio.
    Saludos

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  2. Es un grave problema tanto en los Partidos Políticos como en la iniciativa privada, que no se invierten los recursos y el tiempo para buscar a la mejor mujer/persona para determinado puesto. El otro problema es el doble problema de condescendencia/ presión con la que algunas mujeres tienen que lidiar al asumir un rol más relevante en la sociedad, si fracasa está el “ya ves que las mujeres no sirven para gobernar”, en lugar de analizar porqué ésa mujer fue arrojada al ruego sin la suficiente preparación. Una situación que no se presenta en el caso de los hombres, ya ves a Peña Nieto, menos preparado que él, difícil, pero míralo, ahí sigue, con serias amenazas de gobernar a este país.

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  3. Quien en sus argumentos, incluye ofensas, se descalifica de manera automática..

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  4. El problema es, precisamente, basarse en la ofensa a X persona/situación/acción en vez de cuestionar razonablemente y con argumentos aquello mismo que se critica. La sobrereacción, me parece, es una actitud totalmente visceral, es por eso que termina siendo igual (o a veces peor) que aquello que se señala. A mí me pasa seguido, sobre todo con algunas personas que, aunque uno exponga algo en concreto y lo haga con argumentos, lo primero que harán -cuando ellas se quedan sin saber qué contestar, en una discusión de adultos- será tacharte de imbécil, ignorante, hija de la chingada… por decir lo menos.
    La crítica, la discusión deben ser eso. Y deben estar sustentadas. Lo demás, de una parte u otra, de un posicionamiento u otro, son respuestas que no aportan mucho ni al intercambio de ideas ni a la búsqueda de soluciones… hombre, ni siquiera son “mentadas de madre” hechas con inteligencia.

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  5. años de solo escuchar y no contestar nada, provocan que hoy, con la oportunidad de decir algo y que muchos lo vean, se desperdicie el #dicho

    e muy fácil, hablar mal de otro y además de hacerlo de manera grotesca, sobretodo porque ese ‘alguien’ no tiene, por el cúmulo de respuestas posibilidad de contestarlas

    si tuvieramos que justificar cada #dicho que hacemos…veríamos menos críticas

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