Congreso Inútil

Imagínese usted que en la empresa en que trabaja necesita un automóvil para desempeñar sus labores; acude con el director y éste le indica a usted que no pueden proporcionárselo, por tanto usted compra el vehículo por cuenta propia y comienza a utilizarlo no solo para lo personal, sino para lo laboral. Ahora que usted tiene su vehículo y lo usa para el trabajo, la empresa se lo quita porque así lo considera conveniente, y lo presta a otros empleados argumentando que es para asuntos laborales igual que usted y que eventualmente lo tendrá de vuelta para regresar a casa. Claro, usted pagó el automóvil, el seguro, las llantas, etc… ocasionalmente ellos le pondrían gasolina (si bien le va).

¿Le suena absurdo lo anterior? Bueno, no debería pues es algo común siendo lo que el congreso mexicano hace con nuestro “poder” de representación ante el Estado cada día. Y no solo son las cámaras de diputados y senadores quienes utilizan nuestros recursos para fines que no nos interesan, también lo hacen los congresos locales, sin distinción de ideologías o tendencias políticas. Pocos trabajan para el ciudadano, antes están otros intereses.

El día de hoy, por ejemplo y según nos enteramos algunos, el Senado mexicano aprobó la criminalización de usuarios de Internet con una modificación a la Ley de Derechos de Autor que al parecer faculta al IMPI para convertirse en una especie de policía cibernética que podría señalar culpables a internautas que, según ellos, violen derechos de autor mediante descargas vía Internet de material protegido, obviamente con consecuencias legales no muy buenas para el posible afectado; tenemos a Diputados y Senadores autorizándose salarios y bonificaciones de fin de año (llámeles aguinaldo, si gusta) exageradamente altas en comparación con la media salarial nacional mientras instituciones médicas como el ISSSTE y el IMSS no tienen medicinas en algunas clínicas entretanto sus direcciones se negocian entre cúpulas partidistas y dirigencias sindicales; podríamos señalar además los exagerados gastos en publicidad que realizan los gobiernos y cuyos presupuestos son avalados por congresos complacientes al servicio del partido político en el poder.

Es la historia de nuestros congresos, es la realidad de nuestra situación representativa en la que nuestros senadores o el diputado local o federal que corresponda a nuestro distrito se encuentra al servicio de instituciones como empresas, iglesias, partidos políticos y sindicatos antes que estar al servicio ciudadano. El “típico” diputado o senador mexicano vota con mayor facilidad una ley propuesta para beneficiar intereses económicos empresariales, posiblemente con el argumento de fortalecer el empleo, que para beneficiar al ciudadano que representa y que lo eligió.

Ese típico diputado o senador mexicano solo sabe de ciudadanos en época de elecciones, pues aunque su puesto se lo debe al partido político que le hace el favor de postularlo (y a quien le pagará favores posteriores), necesita de ese artilugio extraño llamado “voto” para acceder al puesto que no solo le otorgará poder, sino que lo hará esclavo y sirviente casi incondicional de un poder ajeno a la ciudadanía y con total desinterés en ésta.

No hay mucho qué decir, quizás algunos… muy pocos… se salven de esta calificación, pero la historia y las formas de accionar de los congresos mexicanos dejan mucho qué desear para el ciudadano que obtiene pocos o nulos bienes de las legislaciones, las cuales casi siempre terminan beneficiando demasiado a grupos de poder no-ciudadano.

El comparativo con el carro propio al servicio de la empresa no es en vano, es exactamente lo que pasa con nosotros quienes pagamos los salarios y gastos de un sistema de congresos que no están al servicio nuestro.

Que, ojalá, algún día la patria (el ciudadano) se los reclame y haga pagar duro por ello.

Eduardo PS

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Categorías:Decadencia, Gobierno, Mexico, Poder, Política

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1 respuesta

  1. ¿Qué comento si ya lo dijiste todo? Triste realidad de las legislaturas de nuestro país, donde diputados y senadores aprueban lo que conviene a los intereses que ellos respetan y no a los de quienes los llevamos al poder; donde trabajan cuando y para lo que quieren, cobrando lo que ellos mismos deciden.

    México necesita despertar y exigir no sólo a los presidentes municipales, gobernadores y al Ejecutivo, sino también a quienes aprueban las leyes.

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