Inventando enemigos

Hace algunos años, entre mi gusto por los libros de historia-ficción de Massimo Manfredi y las distintas tradiciones culturales del mundo reflejadas (y filtradas) por revistas y otros autores no tan recientes, encontré fascinante la forma en que en el mundo antiguo el deporte fue resolviendo algunos conflictos sociales, trasladando problemáticas ideológicas y culturales a una cancha, estadio o arena, reduciendo grandes tensiones a una pequeña pelea a golpes entre dos representantes de cada grupo, y llevándose la presión existente entre ambos bandos, lo cual facilitaba después las negociaciones entre los líderes y los posteriores acuerdos.

Aunque el deporte no solucionó todo, sin duda fue una buena forma de limar asperezas sociales, haciendo que cualquier insulto o descalificación entre dos grupos con posturas ideológicas o costumbres en conflicto fuese comprimida al final en una pelea de gladiadores, una carrera o un torneo deportivo.

Ahora bien, entre muchas cosas que no me gustan de la sociedad de la que formo parte está la necesidad que muchos tienen de tener un enemigo, alguien a quién confrontar de forma irracional -no deportiva-, alguien con quien las diferencias sean irreconciliables. Así, tenemos casos muy claros de las grandes fallas de la educación mexicana en tolerancia (que, básicamente, no existe) tales como cuando una persona critica una idea, una institución o un sistema de creencias y quien pertenece a ésta se siente terriblemente ofendido por la crítica, la personaliza y reacciona con ofensa contra el crítico.

Si bien es cierto que hay quienes, junto con la crítica al sistema ofenden a sus integrantes, la mayoría no lo hace y en muchos casos se toma la crítica en general como algo personal y comienza a considerar como estúpido, idiota, antisocial, etc., a todos quienes descalifican el sistema en cuestión. En el caso particular del Teletón en México, he leído a personas deseando que todos los que no realizan donativos o hablamos mal de dicho evento nos suceda algo desafortunado.

Es necesario, en el caso de la exposición de conocimientos, “verdades”, descubrimientos, etc., enteder que el crítico de un sistema disfuncional en ningún caso debería insultar a quienes confían en él, y centrarse en la crítica a dicho sistema. Por ejemplo: en una crítica dura al cristianismo o a la Iglesia Católica, los comentarios no deben ofender o “ningunear” al creyente cristiano.

Asimismo, en el caso de la crítica sana, una exposición de comentarios negativos hacia un evento como el Teletón, exponiendo su funcionamiento y descalificándolo en la función que dice tener, no debería ofender a los donadores pues no se les está atacando a ellos.

El deporte ayudó a la humanidad a entender que hay distintas formas de resolver las tensiones en un conflicto y que no es necesaria una guerra, ya sea armada o de descalificaciones, para llegar a un acuerdo o para comentar a los demás nuestras posturas.

Para ambas cosas hace falta mucha inteligencia; tanto para criticar sin ofender como para no ofenderse sin razón y poder seguir conviviendo, que a final de cuentas no nos queda más opción que ésta.

Eduardo PS

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Categorías:Ciudadanía, Educación, Sociedad, Tolerancia

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4 respuestas

  1. Muy atinado tu publicado. El último parrafo, utilisimo en todas circunstancias.

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  2. Difícil tema que planteas: “criticar sin ofender, no ofenderse sin razón”. Pensando en cuántas personas conozco que logran eso sólo se me ocurrieron 3, ¡tres! y ni siquiera me considero entre ellas.

    En este caso es el Teletón, pero hay tantos ejemplos en la vida diaria y aún nos queda mucho por aprender.

    Esta vez no tengo mucho qué comentar, tú lo dijiste todo. Abrazo fuerte.

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    • Hay mucho por hacer en cuanto a aprender a respetar a otras personas y a tolerar las ideas y costumbres que no compartimos. Se vale informar sobre lo que es el Teletón, yo no pienso bien de él aunque sé tanto de gente a la que ha ayudado mucho como de la que ha sido despreciada por éste, además de las causas que generan la existencia del evento/empresa/elusión-de-impuestos y la inutilidad del gobierno combinada con la apatía social que prefieren que el gobierno done a los CRIT a exigirle que cumpla con su deber o que aporte económicamente a las instituciones ya existentes en muchos lugares del país, sin que se preste a malas prácticas como las que sabemos que suceden en este caso. Gracias por tu comentario, Fany.

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      • Comparto tu opinión. Sé que hay varios casos de niños que se han visto beneficiados y, de igual modo, sé de quienes han sido rechazados. Lo he dicho, lo he escrito, lo he comentado: mi no apoyo al Teletón no es por falta de sensibilidad sino por todo lo que hay detrás de. Para ayudar hay muchas otras maneras, el detalle está en qué tanto nos informemos. Nada que agradecer, al contrario.

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