Ciudadanos dignos

Ahora que “los indignados” han hecho aparición por todo el mundo – y me da gusto – me pregunto cuáles son los ciudadanos contrarios a ellos… lo pensé por un momento y visualicé un “ciudadano digno”, alguien a quien el mundo le funciona tal como está y que no encuentra nada de malo en éste. Éste individuo (hombre o mujer) está tan conforme con la forma en que el mundo se le presenta que se siente digno de éste… solo me pregunto si estaría dispuesto a “pelear” por que las cosas siguieran igual.

El asunto de los indignados es complejo, no en todos los sitios la gente se indigna contra lo mismo ni de igual forma, pero el patrón es similar, hay un creciente descontento hacia las instituciones gubernamentales que han sido sometidas por el poder de otras instituciones, ya sea políticas o económicas (o en otros casos, instituciones fuera totalmente de la ley).

La indiferencia social hacia el gobierno como gestor de la seguridad y salud pública -y demás entes sociales- ha dado como resultado, de forma cíclica al parecer, un tipo de ciudadano que no ve nada de malo en que una empresa se haga cargo de algo de lo que el Estado debe hacerse cargo a través de instituciones públicas, no privadas.

Así, a muchos ciudadanos les parece bien que un estadio de futbol se construya en un terreno público que el gobierno obsequia (disfrazado de comodato) a la empresa que lo edificará y que promete hacerse cargo también del saneamiento de un río cercano; les parece correcto que una empresa se encargue de la rehabilitación y adaptación social de personas con discapacidades a través de una institución que le ayuda a evadir (legal, mas no éticamente) impuestos; encontramos a muchos que piensan que está bien que un “colegio de ingenieros” (integrado por propietarios de constructoras) decida y dicte al gobierno en dónde y cómo se construirán las nuevas obras civiles en las ciudades.

Todo lo anterior es obligación de los gobiernos a través de programas de conservación de la naturaleza, de salud pública y de planeación urbana, sin embargo han sido dejados en manos de personas con intereses económicos, antes que intereses comunes, llegando a descaros tales como que el presupuesto que debería ser utilizado en beneficio directo de la sociedad, pasa primero por manos privadas que deciden dónde y cómo usarlo, dejando desprotegidas a personas e instituciones que ahora no obtienen retribución económica por los impuestos que ya les fueron “cobrados”.

El problema no es solo lo que expongo aquí, la ‘bronca’ es que así como se permite esto se deja que otros manipulen y acomoden las cosas a su antojo, teniendo instituciones y personas que usarán para su beneficio el dinero que debiese ser usado e invertido en el bien común, no en beneficio de unos cuantos.

El ciudadano digno está de acuerdo con todo esto, para él las cosas funcionan bien mientras alguien las haga, no le importa el cómo sino los resultados. Si el terreno estaba “feo” pues se verá más bonito con un estadio sobre él; si el gobierno no se hace cargo del río será mejor que una empresa lo haga; si a los niños con discapacidad no los atienden las instituciones públicas o asociaciones civiles, mejor una compañía “buena” que se encargue de eso, al cabo el resultado es bueno. El ciudadano digno no le exige al gobierno, piensa que solo trabajando a diario y votando cada 3 o 6 años cumple con su cuota social; no critica, no cuestiona, no se indigna por nada y ni siquiera simpatiza con el indignado… ya esto último sería una forma de indignarse también y no podría hacerlo.

Al final el ciudadano digno cae en la mediocridad al ser indiferente con los demás y ocuparse solo de su “dignidad”.

¿Qué tanto te indignas tú?… o ¿Qué tan digno eres?

Eduardo PS

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Categorías:Ciudadanía, Gobierno, Sociedad, Temas Generales

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2 respuestas

  1. ¿Qué te digo? No hay ni una sola oración con la que no esté de acuerdo.

    Lamentablemente el conformismo es un mal común en nuestro país que, aunado a la mediocridad, se escudan en el “a mí no me afecta”. Nos hace falta ver más allá, ser solidarios, dejar el egoísmo a un lado y en lugar de quejarnos todo el tiempo por el ‘relajo’ debido a las manifestaciones o porque los gobernantes y autoridades no cumplen con su deber, empezar a exigir, a levantar nuestra voz, a indigarnos y actuar a favor de este México que tanto nos duele.

    Sí, no todos somos ‘activistas’ como los Indignados por Ciudad Juárez y muchos más; lo que sí somos: ciudadanos, ciudadanos con capacidad de razonar y decidir, con el derecho de exigir y expresarse. No dejemos que los medios de comunicación manipulados por el Gobierno aprisionen nuestras ideas y deseos.

    Con orgullo puedo decir que yo no soy una ciudadana digna, ¿qué tanto me indigno? lo confieso, aún no lo suficiente. Sé que pasar la voz, intentar crear conciencia en los que me rodean, informarme y un largo etcétera es sólo una mínima parte de lo que puedo y debo hacer para decir: “Yo, Stephanie, estoy indignada y por eso hago X o Y”.

    De nueva cuenta, excelente post mi estimado ciudadano. Gracias por compartir y hacerme cuestionar lo que pasa en este mi México. Saludos.

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  2. No son ciudadanos dignos, sólo mezquinos.

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