Lo que menos importa

Me gusta mucho la serie de TV “Seinfeld” y uno de mis episodios favoritos es el “Nazi de la Sopa“. Para quien no lo ha visto,The Soup Nazi se trata de que en el barrio donde viven Jerry Seinfeld y sus amigos se instala un local donde venden sopas muy buenas, tan buenas que se hacen filas enormes para comprarlas, sin embargo el dueño tiene un carácter muy fuerte y no permite que nadie se comporte “extraño” al pedir la sopa y en caso de que esto suceda le niega el derecho a comprar diciéndole: “no soup for you”.

Esta mañana, al despertar, abrí mi cuenta de Twitter – sí, hago eso – y apareció un tweet de Ulises Castellanos que decía: “no cabe duda, el país necesita una terapia colectiva”. Más que querer entender por qué lo dijo, de inmediato pensé: tristemente es muy cierto. No funcionamos como país, en general, sino somos egoístas y tenemos serios problemas de comportamiento colectivo.

En general algo no “furula”, somos raros, queremos todo para nosotros y no estamos dispuestos a ceder para los demás. Se da el caso de que si “la izquierda” propone algo, la derecha lo rechaza de inmediato y sin pensarlo; si el Presidente Felipe Calderón realiza una propuesta, de acuerdo con ciertos grupos, está mal y debe rechazarse por venir de él, o si de un grupo de priístas surge una iniciativa de ley que puede beneficiar a muchos, seguramente encontrará rechazo por surgir de éste grupo político.

Socialmente somos similares, mire usted: recientemente un comentarista de radio en la Cd. de México, Ángel Verdugo, incitó a los automovilistas a atropellar ciclistas, solo porque a él, y a otros, le molestan aquellos que no respetan el reglamento de tránsito (hay quien dice que fue un comentario con sarcasmo, pero no creo que sea correcto ser sarcástico incitando a la violencia); tenemos el caso de quien descalifica a cualquier iniciativa social solo por no sentirse representado por ésta o por quienes la promueven. Vamos, no terminaría de enumerar y mencionar aquellas cosas que nos dividen, más que unirnos.

Creo que hay una falla tremenda en el sistema educativo mexicano (tanto público como privado) pues hay una tendencia muy fuerte hacia la división y descalificación ideológica. Lo he dicho antes y es necesario repetirlo: No es lo mismo “no estar de acuerdo” que estar en contra. Y parece que en este país cuando no nos gusta algo o no acordamos del todo con una idea o persona, la descalificamos y mostramos hostilidad hacia ésta, si es una idea tratamos de callarla, si es una iniciativa de ley, detenerla y si es una persona que nos estorba… quitarla violentamente (o atropellarla).

Así, tenemos que la Ley de Seguridad Nacional propuesta por el Presidente es descalificada completamente y en vez de explicarnos la ley, muchos de quienes están en contra o a favor se limitan a decir “viola los derechos humanos” o “necesitamos una nueva ley de seguridad”, sin argumentos de por medio; tenemos también el caso de la propuesta de reforma política (la encuentra en Twitter con la etiqueta #ReformaPolíticaYa ) la cual encuentra detractores debido a que no tiene un surgimiento ciudadano o bien porque esta propuesta es impulsada por Felipe Calderón (lo cual no sabemos si es, o no, cierto… pero no me importa mucho)

En el caso de el Nazi de la Sopa, al final la comunidad se queda sin éste y sin las exquisitas sopas solo porque a alguien no le cayó bien y no quiso seguir las reglas para adquirir la sopa (video: la venganza). En México podemos quedarnos sin una reforma política que regrese cierto poder a los ciudadanos, sin una ley de seguridad que de verdadera seguridad a la gente, sin reforma fiscal, energética, constitucional y – agregue su reforma favorita aquí – solo porque no sabemos discutir, y ponernos en la situación del otro; por enfocarnos en lo que menos importa, nuestros desacuerdos, y olvidar lo realmente importante, las ideas comunes y que nos beneficien a todos.

Nos falta mucha empatía con los demás, tanto en asuntos ciudadanos como políticos. Y, por egoístas, podemos quedarnos sin reformas (otra vez) y sin sopa.

Eduardo PS

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Categorías:Democracia, Política, Sociedad, Temas Generales, Tolerancia

5 respuestas

  1. Definitivamente cierto, estamos acostumbrados a solo compadecer a los menos afortundos que en apoyarlo, no hemos vuelto indiferentes a las reacciones del gobierno. Recien lei un blog donde el autor se quejaba por que alguien decia que la culpa es nuestra y no del gobierno, muy contrario a lo que expresas, y me recordo aquella anecdota de la tortuga arriba de un poste… 1. Que podria hacer una tortuga alla arriba?
    2. Cuanto tiempo permanecera ahi?
    3. La tortuga NO subio sola
    Lo mismo pasa con nosotros, nos quejamos del gobierno que nosotros mismos elegimos y sobretodo, estamos esperando que “alguien” venga y nos rescate pero no estamos dispuestos a hacer algo nosotros. Como bien dices, sumidos estamos en nuestro egoismo.

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  2. El disenso es sano cuando se apoya en el debate y la argumentación mínimamente racional. Creo que el problema en México es que no tenemos un acuerdo base, un consenso general sobre que somos y a que aspiramos como nación. Carecemos de una auténtica Constitución, de un conjunto de valores a los que podamos apelar en nuestros debates.

    Aquí en México debatimos y argumentamos conforme a nuestro mejor entendimiento de las situaciones y al acaba ganando el que más grita, el que acarrea más bola o el que mata.

    Estamos a muchos años, quizá décadas de estar en condiciones de redactar una nueva Constitución. Disfrutemos mientras lo que hay.

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  3. Hay una línea muy fina entre el sarcasmo y la intolerancia. En su caso, la verdad no me sonó a sarcasmo ni siquiera de lejos.

    No puede ser que porque lo afectan o ha visto casos de ciclistas inconscientes ya quiera que a todos los arrollen. Creo que con respetar las reglas y las zonas y espacios de cada uno debería ser suficiente.

    Como peatón, como ciclista, como lo que sea siempre se encuentra uno con el típico que primero está su derecho de paso o de estorbar que el de los demás. La cuestión es reforzar las reglas que ya existen, no buscar dañar a los demás por la impotencia que causa la negligencia de las autoridades (que jamás infraccionan a los que deben y pero siempre aprovechan para solicitar una “ayuda” como si fueran pobres y desamparados).

    En cuanto al tema más amplio, si no podemos esperar de esa persona que se supone es un comunicador, una persona con experiencia, etc, que tenga un poco de tolerancia hacia los comportamientos que le molestan de los demás, que ofrezca soluciones o escuche las que le ofrecen, mucho menos de quienes solamente están en puestos con poder de decisión por el “hueso” que éste les ofrece o de la gente común y corriente que sólo aprendió que imponerse al otro es lo único que se puede hacer al convivir con los demás, jamás el consenso. Y así la verdad es que no se avanzará hacia ningún sentido.

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  4. Lo expresado por Angel Verdugo sin duda despertó la ira de muchos. No me quiero meter a abogada del diablo pero, entiendo el sentido de su comentario sarcástico, como es característico en él, sólo que por estar en la empresa que está y tratándose del medio en el que lo hizo, fue totalmente excesivo y fuera de lugar, si lo hubiera hecho entre cuates en una reunión no habría levantado ámpula. En este país no existe la educación vial de ninguna de las partes (conductores o peatones), y a quién no le han dado ganas de abofetear al que cruza tu camino sin la mínima precaución, supongo a todos nos ha pasado, sin embargo no lo hacemos y mucho menos lo expresamos en un medio masivo como la radio. En esta ocasión se le fueron las patas hasta el fondo al señor Verdugo, haciéndole honor a su apellido. Es una lástima, pues seguro se quedará sin chamba un hombre bueno, que dijo algo en un lugar que no era el indicado. “En boca cerrada…”
    Saludos y gracias.

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  5. Una vez más logras un análisis profundo y, al mismo tiempo, práctico y conciso. Pareciera que estamos siempre (o casi siempre) en la misma línea; lo digo porque anoche reflexionaba sobre qué tanto respetamos la diferentes opiniones, formas de pensar y de ser en los grupos sociales de los que somos parte. Podría decir que está en la naturaleza humana llevar la contraria a todo lo que no nos parece, sin razones ni argumentos; sin embargo, me suena un tanto mediocre el decir “pues así somos” y no hacer nada por tener esa empatía que bien mencionas.

    Ya sean reformas, propuestas, o un simple plato de sopa, el “yo” que se olvida del “nosotros” arrasa con todo cambio positivo que pueda darse.

    Gracias por compartir, un gusto leerte. Saludos desde el DF.

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