Un buen viaje

Imagínese usted que hace un viaje de, digamos, 200 km por carretera. Lo mejor que uno espera es que el coche funcione bien: que no se sobrecaliente, que las llantas tengan buena tracción, la gasolina rinda, el aceite lubrique adecuadamente y que las junturas de las piezas móviles resistan, además de que los frenos siempre respondan. Eso no sucede “en automático”, es necesario afinar y mantener el coche en buenas condiciones con refacciones adecuadas y acciones preventivas. Sin embargo no es suficiente.

Para completar el viaje hace falta un buen camino, buen pavimento, curvas peraltadas, con inclinación para evacuar el agua, sin piedras y con límite de acceso para animales, salidas de emergencia y buena señalización. Hecho esto, las probabilidades de comenzar y terminar bien el viaje son altas y se puede transitar con tranquilidad. Lo sé bien porque viajo con cierta frecuencia por carretera y me es placentero cuando el camino es bueno.

Tuve la oportunidad de crecer en un lugar donde no solo mi familia y vecinos cuidaban de mi, sino la comunidad entera, tuve una infancia feliz en la que adultos desconocidos me regañaban porque estaba haciendo algo que me ponía en peligro. Había videojuegos o distracciones como ahora pero salir a la calle era seguro y lo hacíamos, se podía. Muchos de nosotros crecimos perteneciendo a una comunidad, no solo a una familia. Nuestra ciudad, pueblo o barrio no era solo la calle donde vivimos, sino las calles y casas de los vecinos, a donde nuestros padres nos permitían ir sabiendo que, con muy alta probabilidad, estaríamos bien. No solo nos cuidaban ellos, nos cuidaban todos.

En algún momento perdimos esto, quizás en esa época fuimos demasiado tolerantes con esa delincuencia que no afectaba las calles pero que hoy las tiene tomadas (el narco) y ya en estos días ni siquiera nuestros vecinos son confiables (no en todos los casos) y los padres difícilmente pierden de vista a sus hijos y mucho menos los dejan andar solos muy lejos de casa -como referencia: a los 9 o 10 años de edad yo me alejaba hasta 10 km de mi casa solo diciéndole a mi madre “voy con mis amigos a X parte” ¿puedo?-.

Nuestros niños no tienen más esos espacios que muchos de nosotros tuvimos y que, quizás, quisiéramos tener aún. Sería, desde mi punto de vista, genial que nuestros niños pudiesen andar tranquilos por la calle y la mayor preocupación fuera que,de vez en cuando, pasara un coche a velocidad inapropiada. Pero no, preferimos refugiarnos en casa o en espacios privados de consumo (plazas comerciales) en vez de ir a plazas públicas o caminar por la calle.

El viaje de nuestra vida exige un buen “mantenimiento” preventivo y, quizás, correctivo en lo personal, a través de buena educación y cuidados, desarrollo de buenas relaciones interpersonales y el desempeño de un trabajo que nos permita tener ingresos como modo de vida.

Este mismo viaje, exige que tengamos una carretera de buena calidad para transitar y llegar a buen término, y es aquí donde debemos exigir que nuestro gobierno le de buen mantenimiento a esa estructura llamada “país-estado-ciudad” (la que usted guste) en la que tengamos seguridad, buena infraestructura, acceso a instrucción de calidad y reglas de convivencia bien establecidas.

Creo que aunque podemos separar las responsabilidades del viaje, al final lo hacemos en nuestro coche y sobre la carretera, y cualquier cosa que sea pasada por alto, ya sea por nosotros o por el responsable del camino, pondrá en riesgo el llegar con bien al final del destino.

Veo necesario recuperar nuestras ciudades, necesitamos que nuestros niños puedan iniciar ese viaje en un buen camino y que corran la menor cantidad de riesgos posibles (hago notar los más de 1,000 niños muertos trágicamente en la guerra contra el narco en México).

La responsabilidad es de todos, decir que está solo en el ciudadano es utópico, culpar solo al gobierno es ilusorio y pretencioso.

Eduardo PS

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Categorías:Mexico, Sociedad

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1 respuesta

  1. Tienes mucha razón en la analogía de “darle mantenimiento” a nuestra sociedad. Aquí cabe aclarar que la participación, tal y como la mencionas en tu conclusión ES DE TODOS así, con mayúsculas, porque precisamente por andar minimizando lo que nos sucede es que no atendemos lo urgente e importante y preferimos lo más práctico, pero muchas veces, erróneo.

    Una labor muy importante y que espero luego ver reflejada en posteriores reflexiones, es la de los Padres. Si nosotros, que somos modelo y guía de los hijos, no les sabemos escuchar, diagnosticar y remediar, la sociedad entera pierde al mandar a la calle chicos sin misión y visión de la vida.

    El tema dá para más. Por lo pronto te agradezco la entrada de hoy y con gusto lo reexpediré porque lo encuentro muy valioso. Saludos!

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