Una mala inversión

thumbnailNo me pregunten el año, solo sé que fue entre mis 13 y 17 años. Mi afición por el equipo de la VI Zona de Béisbol de Chihuahua, los Manzaneros de Cuauhtémoc, estaba en su punto máximo y me apasionaba al grado de pegarme por horas al radio para escuchar los juegos del equipo cuando no podíamos viajar a la ciudad a verlos.

En ese período (inicios de los ‘90), un equipo de la liga regional trajo desde Sinaloa a un gran pitcher, gracias a él fueron los líderes del torneo y después campeones de zona.

Hasta ahí todo era “miel sobre hojuelas” y al iniciar el Campeonato Estatal, los Manzaneros ganaron su primer juego gracias a este pitcher de quien todos esperábamos la mesiánica labor de traernos el trofeo de campeones. Luego se acabó la miel y quedaron pocas hojuelas: en la siguiente semana el pitcher estelar se lesionó su brazo de lanzar y con ello se derrumbaron las esperanzas de ser el equipo a vencer. Las cosas se complicaron pero todo siguió su camino, el equipo debía seguir jugando… para mal.

Fuera del ámbito deportivo, hoy en México sucede algo que atrae la atención de los medios: El ex-candidato presidencial de 2006 por el PRD, Andrés Manuel López Obrador, pide licencia por tiempo indefinido al mismo partido (lo cual le niegan). Sin embargo, como cosa extraña, él forma parte también del Partido del Trabajo, el cual tiene logros limitados pues junto al partido Convergencia, se ha limitado a aliarse con el primero para obtener posiciones en alcaldías y congresos.

Esos tres partidos, PRD, PT y Convergencia (junto con sus líderes “morales”), representan a la izquierda política del país, la cual replica ideologías con discursos armados a partir de declaraciones de políticos socialistas de otros países (y/o de otros siglos), mientras venden futuros sin fundamentos medibles y empeñan el futuro del país rechazando las propuestas o ajustes de leyes que no hayan surgido de políticos afines a ellos, independientemente de si los ajustes propuestos pudieran beneficiar a la gente (o no). El análisis en ellos parece estar enfocado solamente a cómo ganar las próximas elecciones para, entonces sí, tener el “poder” de cambiar las cosas.

Mientras son minoría, esos auto-abanderados de izquierda toman la cámara de diputados argumentando que defienden los intereses de los “pobres” mientras engañan a éstos al no apoyar reformas que, de momento, el país necesita. Se obsesionan con ser oposición “llevando la contraria a todo”, no siendo contrapeso de las políticas que no benefician directamente a la sociedad. Son oportunistas que desean tener ellos solos la bandera de héroes, como si necesitásemos ser nuestros propios enemigos.

Ellos, los que se hacen llamar “de izquierda” ganan antipatías por su irreverencia exagerada y su afán por avanzar por el carril de alta velocidad en sentido contrario (es una analogía, ¿ok?, bien… seguimos).

Bajo mi punto de vista, la irreverencia sería buena y hasta graciosa si la usaran de vez en cuando, se ganaría mucho al no exagerar en utilizar los recursos.

La izquierda en México hoy es como ese pitcher de mi equipo de beisbol: tiene en sus manos el destino del equipo -país-, cuesta mucho, tiene toda la fuerza para sacar al equipo adelante y dominar cualquier situación adversa… pero está lesionada y no sirve.

Por los Manzaneros, nuestro pitcher pasó el torneo sentado en la banca esperando recuperarse de la lesión la cual agravó al intentar jugar después. De él ya no supimos más y el campeonato se esfumó, llegando unos años después, para lo que no se requirieron grandes jugadores.

Pienso que nuestra salvación, como país, llegará cuando no estemos esperando que un solo pitcher, perdón, candidato resuelva nuestros problemas y nos lleve al campeonato,… perdón (de nuevo), a la prosperidad. Cuando invirtamos nuestro capital político y la verdadera izquierda fuerte sea la social, con la izquierda política a su servicio y la derecha (o el centro… lo que sea) como un complemento y no como un enemigo.

Por lo pronto, seguimos gastando dinero y desperdiciando tiempo en un pitcher que no nos llevará a ningún lado. Para lograr superarnos necesitamos tener menos enemigos internos, exigir más a nuestra autoridad y no votar a quien nos promete campeonatos gracias a su genial individualidad. La izquierda necesita proponer, negociar, y tratar de lograr lo propuesto.

La izquierda mexicana está rota, es poco eficiente y allana el camino a sus enemigos mientras les reclama por rebasarla. La izquierda política no existe, la social sí… y casi nada tienen que ver una con la otra. Para mal nuestro.

Eduardo PS

 

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4 respuestas

  1. Me autocito de un tweet que escribí hoy por la mañana al escuchar a AMLO con mi favorita Aristegui: “El discurso de AMLO se hace añejo, vetusto pero como deja tantos huecos para las fantasías y las quimeras sigue gustando mucho”. Y es que la cosa está en el liderazgo que es algo que no hemos discutido bien a bien qué carajos siginifica hoy en día en el contexto mexicano del s.XXI y si acaso vamos a seguir con los conceptos y dinámicas de siglos pasados cuando hablamos de tal cosa como lo es el liderazgo. La feligresía peje (perdón pero la gran mayoría de los seguidores de AMLO se comporta alienada y totalmente acrítica a sus actitudes políticas, a sus posturas o discursos que no hay otra forma de llamarla) es un ejemplo ad hoc al respecto de esto que digo precisamente por el comportmiento que apunto entre paréntesis. Siendo la izquierda la verdadera opción de cambio, en México la izquierda institucionalizada en partidos políticos y sus militantes y seguidores y adherentes, se conforman con prácticas que replican los esquemas de ejercicio de poder que manejan las derechas o las mismas instituciones que hay que cuestionar, criticar y cambiar. Eso, me vana disculpar, no es el liderazgo que se requiere hoy, eso es el liderazgo que se usaba ayer. El liderazgo no es otra cosa que la participación en la toma de decisiones de las comunidades y si las personas encargadas de cumplir con esta responsabilidad no lo entienden, si se siguen percibiendo a sí mismos como los únicos con las llaves del cielo y peor aún, si hay gente que les vota y les hace gordo el caldo seguiremos en este camino de miseria y pobreza.

    eoz.

    Saludos.

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  2. Estoy casi de acuerdo, confiar en una sola persona para que sea el cambio del pais es casi dar un tiro en el pie. Dentro del entorno cristiano que me desenvuelve, se reitera una y otra vez no confiar en el hombres porque son falibles, todo lo contrario a Dios.

    Dejando las analogías espirituales a un lado, lo que si creo es que se necesitan líderes a quien seguir. Líderes que nos lleven por el camino donde a largo plazo podemos obtener los mejores resultados y que nos motive a superarnos.

    Creo que eso es lo que falta y ante cualquier aproximación ante esa figura de liderazgo, lo maximizamos y desproporcionamos a magnitudes que estaban fuera de su alcance. Tal vez, al final de cuenta, no sea el problema del “pitcher” sino de los que se ilusionaron antes de tiempo con él.

    ¡Saludos!

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    • En realidad es así, toda la crítica que hago en este ‘post’ es hacia la gente que se ilusionó y a los que siempre terminarán desilusionados de sus líderes.

      No comparto, sin embargo, la analogía espiritual, en absoluto, y tampoco creo que necesitemos líderes al estilo superhéroes y mucho menos al estilo AMLO. El político debe ser un tipo común y corriente ante el cual uno pueda levantarse y mostrarle total desacuerdo y oposición sin que éste lo tome personal.

      Hasta ahorita no hay nadie así en México, seguimos buscando quien nos salve cuando la salvación no llegará de ningún lado (de ninguno, realmente) sino de nosotros mismos como ciudadanos.

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  3. Construir un sistema político participativo necesita trabajo y responsabilidad por parte de todos. Que un líder iluminado nos lleve al dorado progreso mientras vemos la tele, es una imagen mucho más adecuada a la ideología del mexicano.

    De ponerme a chambear, hacer lo que tengo que hacer hoy y prepararme para seguir haciendo cosas mañana a ir a comprar un Melate y esperar que eso me haga rico… mh, ahorita vengo, voy por mi Melate.

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