¡Hasta el copete!

Desde niño me gusta el béisbol, y desde niño, también, me gustan los Yankees de New York. ¿Razones? bueno, no muchas, de sus múltiples campeonatos me enteré hasta los 15 años y a veces, aunque los apoyo, no me caen tan bien pero, bueno, eso no es el tema, de cualquier forma son “mis Yankees”.

Yankees-ganadores-de-la-serie-mundialUna de las razones es que todos apoyaban a los Dodgers de Los Ángeles porque ahí jugaba el nuevo ídolo mexicano: Fernando Valenzuela. Pero yo no quería  apoyar a quienes todos apoyaban y el uniforme de los “angelinos” no me gustaba, el de los Yankees me parecía elegante y además me agradaba (a pesar de mis 5 años de edad) que el nombre de la ciudad estuviese en un idioma extranjero.

Recuerdo cuando comencé a apoyarlos, fue en la Serie Mundial de 1981 y mi padre me llevó a ver el juego con sus amigos… parecía que solo yo apoyaba a los Yankees, todos querían que Valenzuela ganara el codiciado anillo de Serie Mundial siendo novato (y mexicano). Lo malo, para mi, es que me lo cuestionaban: recuerdo a un amigo de mi papá tratando de convencerme de que debía apoyar a los Dodgers… No sé cuál fue mi reacción, pero seguramente respondí con una mirada recelosa y de desconfianza. ¿Por qué diantres tenía yo que apoyar al que todos apoyaban? Así es, desde entonces cuestionaba y, acorde a mis posibilidades de ese entonces, argumentaba.

Ese apoyo al “equipo contrario” y mis razones para definir mi favoritismo, me han seguido hasta ahora. Aunque ya más refinadas y pulidas esas ideas base siguen ahí e intento caminar en la vida con ellas. Ya no apoyo o favorezco a algo o alguien solo “porque sí” pero sí defiendo mi derecho a pensar como quiero, lo que quiero y cuando quiero, además de nunca dudar de mi derecho a expresarlo, claro, siempre aceptando la responsabilidad completa de que lo que digo puede tener una repercusión… quizá positiva, quizá negativa.

En el caso de mi afición a los Yankees, la repercusión ha sido admitir que me cuestionen y hasta que me quieran contra-evangelizar, pero todo queda en eso, en algo “deportivo” y que raya en lo divertido, generalmente no ofende y se acepta hasta de los buenos amigos. En otros casos, el de mis opiniones y expresiones, la cosa no ha sido tan leve. Y es de esto último que quiero hablar hoy.

Hoy, 21 de diciembre, en el Distrito Federal (México) fue aprobada la ley que permite a personas del mismo sexo contraer matrimonio y no se impuso candado alguno para que se realice adopción por parte de quienes utilicen esta nueva legislación a su favor.

No me llama la atención que haya quienes, sin ningún fundamento más que sus creencias o sus opiniones personales, despotriquen contra los homosexuales, tampoco me llama la atención ver a políticos que, con el mismo “estilo” descalifiquen una ley por considerar que atenta contra algo “divino”, cuando, creo, el matrimonio es una institución de la gente creada para la gente y no para ningún dios.

Puedo decirles que, en muchos aspectos “la gente” me tiene, dicho decentemente, “hasta el copete”… A veces me desespera ver cómo se malgasta el tiempo en quejarse de cosas que no valen la pena y se deja de lado toda discusión que nos afectan como sociedad y como individuos.

Veo cómo hay personas que siguen a un Señor en Twitter solo para fastidiarlo, y, aún peor, tienen el descaro de querer callarlo y/o hacerlo que escriba (o no escriba) de tal o cual modo. Puedo decirles que con mi cuenta de Twitter yo no lo sigo y no tengo absolutamente ninguna intención de seguirlo, no estoy de acuerdo con la forma en que dice las cosas y tampoco voy con él con el apoyo a otro Señor, pero algo innegable es que esa persona tiene derecho a decir lo que le venga en gana (siempre y cuando respete a los demás) y a hacer proselitismo en favor de quien él quiera. Con lo que no voy es en que cada vez que veo a alguien en mi “timeline” criticándolo (con un “retweet”), lo hacen con afán de humillar y discriminar, como si sus ideas lo hicieran mejor que otros o, en particular, mejor que éste señor.

En alusión a eso, hoy hice un retweet en el que se expresaba algo contra ese señor y no precisamente contra él, si son perceptivos es una crítica a quienes lo siguen y no dejan de mencionarlo todo el día, son ellos quienes fastidian con su intolerancia y sus constantes retweets, a través de lo cual me entero de lo que dice… Creo que es muy sencillo, si no te gusta lo que alguien dice en twitter, debes dejar de seguirlo si no hay discusión-acuerdo posible, pero quejarse de alguien y querer “apagarlo” no es correcto, democráticamente hablando.

A los seguidores de ese señor, les digo: si quieren callarlo, háganlo debatiéndolo, si el debate es imposible, entonces aléjense de él. Sencillo.

Hecho ese paréntesis, en defensa del derecho a la libertad de expresión y no a favor de lo que diga “X o Y” persona, continúo.

¿Cuál sería, entonces, la razón por la cual no se apoyaría la unión matrimonial entre homosexuales? Bien, pues es el hecho de que quien es intolerante no apoya ni siquiera su existencia y gusta de indicarle a los demás cómo vivir y/o para qué vivir. Parece que en nuestro sistema educativo ha fallado, históricamente, la educación para la tolerancia, para soportar la existencia del otro-diferente y entender que éste no es inferior a mi ni al otro-igual.

La enseñanza religiosa no es, y nunca ha sido, tolerante. Siempre ésta está dirigida a “salvar” o “rescatar” (por lo menos la enseñanza religiosa cristiana) y por ende a distinguir… es muy raro cuando un sacerdote expresa un comentario tolerante y respetuoso hacia otra y realmente no tendría por qué hacerlo, los libros en que se basan la mayoría de las religiones discriminan irracionalmente y promueven la segregación del “diferente”.

Entonces ¿cuál sería el punto a partir del cual podemos llegar a un acuerdo para permitir que Don X piense y haga lo que le venga en gana y Doña Y no lo cuestione o denigre… y vice-versa?matrimonio-gay

Creo que deberíamos despegarnos de la idea de que las cosas tienen una identidad absoluta, entender que las cosas son como las percibimos o como las diversas situaciones de la vida nos han mostrado que son (difícil pero se puede); pero más importante me parece el recalcar la educación en tolerancia, el aceptar al otro piense lo que piense y solo protestar cuando esas situaciones nos afecten de verdad y no solo cuando “ofendan” nuestras ideas o creencias.

En pocas palabras: “si no te afecta o no afecta negativamente a nadie, no te quejes”. Es fácil, si apoyas a los Yankees está bien, si no los apoyas, también está bien pero no está bien insultar a alguien por apoyar ni a un equipo deportivo ni a una idea, y mucho menos, creo, estaría bien el denigrar, exhibir e insultar a alguien solo porque no comparte tu forma de vivir o de pensar o tu preferencia sexual.

Es importante, querido lector, darse cuenta de que ni tu ni yo tenemos derecho a decirle a nadie cómo vivir, a menos que su “estilo de vida” interfiera con el nuestro o el de alguien más y que tolerar no significa que tengas que hacer lo que otro hace o escuchar lo que otro dice. Tolerancia es dejar que el otro diga lo que quiera decir y haga lo que quiera hacer mientras no ofenda a otras personas o mientras lo que haga no afecte a los demás.

Es importante decir que por “ofensa” me refiero a ofensas directas, no ideológicas, las cuales pueden ser cuestionables.

Guste o no, todos los demás seres humanos son diferentes a ti, incluso en su ideología.
Los que son “iguales” a ti, lo son solo en algunos detalles (aplica para el físico y para las ideas).
Tu afinidad hacia los “iguales” a ti es válida y no es cuestionable, tal como no es cuestionable la afinidad de los demás.
Todos los seres humanos tienen derecho a hacer y pensar lo que quieran… como tú.
Todos los seres humanos deben aceptar las consecuencias de sus actos, no de sus ideas o preferencias.
Si quieres que los demás te dejen ser, entonces deja ser a los demás.

No son sentencias absolutas, son sentencias solo para meditar, pero creo que tienen validez.

Ojalá, tú lector, lo medites un poco antes de criticar a quien opina y actúa distinto.

Hay gente que “me tiene hasta el copete” por su forma intolerante de expresarse y ofender a otros solo por pensar o ser diferente y por su negativa a dialogar y confrontar ideas (no personas)… por eso escribí esto y quisiera que, más que aquellos que están de acuerdo conmigo, lo leyeran quienes no están de acuerdo y podamos debatir inteligentemente…

Espero tus comentarios.

Eduardo P.S.

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Categorías:Sociedad, Tolerancia

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4 respuestas

  1. Definitivamente estoy de acuerdo con tu post, debemos ser más relajados en ese aspecto, tenemos ya tanta violencia por todos lados como para seguir con esto de discriminar por el comportamiento sexual de una persona, como si nosotros fueramos “perfectos” y “normales” que es normal?. Estoy totalmente de acuerdo que las personas homosexuales tengan esta oportunidad de casarse y formalizar sus vidas, tanto para facilidad legal como para forjar un futuro juntos, Los heterosexuales no son el claro ejemplo de perfección en cuanto a relaciones se trata ni en cuanto a cuidar niños así es que calladito se ve uno más bonito.

    Gracias por compartir la reflexión! 🙂

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  2. Coincido totalmente con el post, es penoso ver a tanta gente tan intolerante hacia las preferencias de los demas. Lo unico que tenemos como ciudadanos es nuestro derecho de expresion y vale tanto como cualquiera!!!!

    saludos
    @ejimenex

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  3. Definitivamente la forma en que algunas personas encuentran mil pretextos para discriminar y despreciar a otros que también son PERSONAS es aberrante. El comportamiento afectivo y sexual de alguien, mientras no haga daño a otros, no tiene por qué incumbirle o interesarle a otros.

    Ahora, se asustan de que homosexuales y lesbianas vayan a poder adoptar, pues están atrasadísimos de noticias, porque en otros países ya se estila esto (y no dudo que en el nuestro, pero de forma discreta y sin hacer aspavientos) y no hay pruebas de ningún tipo que esto dañe a los niños.

    Parece que esos heterosexuales que tienen bebés como conejos y los abandona en la calle o los tratan como animalitos son mejores que una pareja de mujeres u hombres que quieran cuidar y educar a un niño que de por sí no tiene quien lo cuide. Triste, triste forma de pensar y dejarse llevar por su odio, su irracionalidad y sus prejuicios (y sus miedos, debo añadir).

    Buen post, Eduardo.

    Saludos.
    @karyva

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  4. No recuerdo quien dijo: “no estoy de acuerdo con lo que piensas pero defenderé hasta la muerte tu derecho de decirlo” y es cierto, el di aen que se empiece a censurar a las personas por pensar distinto y tu no dices nada, no te deberá extrañar cuando a ti se te censure, como dice el dicho “o todos coludos o todos rabones” y si no te gusta lo que la persona de junto dice, lo puedes debatir o lo puedes ignorar: nadie te obliga a escucharlo.

    Y si, por el derecho inalienable a pensar como SE TE DÉ LA REGALADA GANA, de eso se trata la libertad.

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