Troll del volante

Tengo algunas semanas reflexionando mucho mientras manejo (hay 19 km entre mi casa y mi trabajo) entre análisis introspectivos y observaciones, cuestionamientos personales y análisis extra-personales que tienen por objetivo indagar en aquellas cosas que, normalmente, damos por sentado. He hecho críticas sobre las cuales parto para nuevos análisis, algunos dignos de ser escritos y otros dignos de ser meditados o discutidos por largo tiempo.

He de decir que antes de criticar a mis conciudadanos, me he criticado yo mismo, he tratado de ser honesto y no ser invasivo sino, repito, introspectivo… y es de esa crítica que hoy escribo, no de la crítica hacia los demás, sino de la que hice contra mí mismo (rudeza contra mi ego).

Al salir de casa me enfrento a dos avenidas realmente complicadas, en San Nicolás de los Garza, área metropolitana de Monterrey, y en el punto de cruce de ambas me topo con el tráfico de la carretera Monterrey-Nuevo Laredo… es, casi literalmente, un infierno para alguien con prisa. Afortunadamente siempre salgo con tiempo suficiente para poder conducir tranquilo.

La existencia (o inexistencia) de fortaleza mental en una persona se hace evidente en situaciones complicadas, y en ese punto de cruce (que se vuelve una negociación impresionante durante unos 3 kilómetros) afloran las peores o las mejores versiones de seres humanos… sin puntos medios.

¿Mucho hablar con poca claridad? Bien, vamos al punto que nos trae a esta lectura.

Hace unos 10 días hice algo que, a continuación, detallaré:

Día 1: decidí comportarme como un verdadero chofer nefasto al manejar, claro, guardadas las proporciones con algún energúmeno, me limité a no ser amable e ir a la par con quienes manejan rápido, no a fastidiar pues bastante carga emocional lleva cada uno como para todavía cargar con mi experimento. En esta parte de la prueba nunca usé mis luces direccionales al cambiar de carril, llegué a encender las luces para “avisar” sobre mi existencia y, como máximo punto de molestia, usé la “luz alta” cuando alguien intentó invadir mi carril y una vez me pegué (bastante) a la parte trasera de algún vehículo para pedirle que se quitara de mi camino.

Día 2: salí de casa dispuesto a comportarme como un ser decente y ético al manejar: no fui agresivo y hasta excedí la poca pero acostumbrada amabilidad que intento practicar y dejé pasar a cualquier persona que deseó ingresar a mi carril (incluyendo a choferes de transporte público); también usé mis manos para agradecer a quienes me dejaron pasar, que he de decir, no fueron muchos. Puse música del disco ‘Shaman’, de Santana y disfruté el viaje al trabajo. Nunca me molesté por que alguien invadiera violentamente mi espacio ni porque no ‘respetara’ mi prisa y dejase libre el carril… simplemente me limité a practicar la paciencia en todo momento.

Ahí terminé con eso, pero y… ¿Resultados? Bien, fueron interesantes y los enlisto a continuación:

  • El día 1 llegué con una “no muy buena” actitud al trabajo, me sentía algo alterado, no así el día 2. 
  • Muchas personas me agradecieron mi actitud del siguiente día, e incluyó a choferes de camiones urbanos, obviamente nadie estaría agradecido con mi actitud del día 1.
  • Las personas a quienes agradecí, correspondieron a mi señal saludando.
  • La actitud general de las personas al ver que encendía mi direccional fue la acostumbrada, acelerar y no dejarme pasar, pero al final alguien decidió respetar mi intención y darme el paso.
  • y, por último, el resultado más contundente: en ambos casos llegué a la misma hora a la oficina (también, bueno comentarlo, salí a la misma hora).

Me quedé pensativo, especialmente porque mi prejuicio había influenciado el primer análisis (día 1), en el cual nadie salía bien librado (solo mi ego). Pero, fríamente e influenciado por un comentario que me hizo @AracelyQ dos días antes y que está claramente expuesto en su más reciente ‘post’, decidí volver al día 2 con una actitud distinta y el resultado, sinceramente, me sorprendió.

Di por sentado que la sociedad sería agresiva y me equivoqué. Algunos son agresivos, muchos en cantidad, pero creo que pocos en porcentaje, la mayoría solamente quiere vivir en paz con los demás o, por lo menos, consigo mismo… aunque no tengan idea de cómo hacerlo. Y creo que esto último lleva a que esas personas que desean paz, en ocasiones se comporten como aquellos a quienes no les importa ser agresivos indiscriminadamente.

Acepto que no tengo ninguna calificación para realizar la prueba, solo estoy invitando a opinar analizando algo que muchos hacemos a diario, manejar nuestro automóvil, y creo que todos, en algún momento, fuimos agresivos al manejar o, por lo menos, llegamos a expresar o sentir algo negativo debido a alguna situación acontecida mientras nos desplazábamos en nuestro vehículo. Yo pienso que no solo al conducir sino en demasiados aspectos de nuestra vida, tenemos reacciones inapropiadas.

Cayeron algunos prejuicios… y quisiera saber tu opinión, tanto sobre esta prueba (no encuentro el nombre apropiado aún) como sobre los prejuicios que tú tienes y que, tal vez, son producto de tener información incorrecta sobre los demás y terminan influyendo en tus actividades.

Espero sus comentarios, aportes, críticas y complementos.

@Eduardopolis

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Categorías:Sociedad, Tolerancia

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4 respuestas

  1. Creo que la violencia o agresividad (incluso la interna, la que ejercemos contra nosotros mismos) únicamente provoca lo mismo, en nuestro fuero interno y en los demás….

    Digo, finalmente para agredir (incluso como experimento, que estoy seguro que tú NO eres agresivo) uno se tiene que poner en cierto estado mental que influye también nuestra reacción física: sientes enojo, molestia, te aceleras, respiras más aceleradamente, tu corazón comienza a latir con más fuerza, tus gestos cambian, gritas, manoteas, etc…

    Lo mismo trae la otra postura, te tranquilizas, respiras profundo, tus gestos y rostro se apaciguan, en fin… Eso, por supuesto, los demás pueden percibirlo y te responden acorde a… Por lo tanto tu experimento es más que lógico y, realmente, no mera palabrería seudofilosófica y metafísica sin bases…

    Creo que nos hace bien (a nosotros mismos y a los demás) tratar de estar EN PAZ con los demás, con uno mismo, la vida corre más tranquila, tenemos oportunidad de disfrutar lo bueno y de aquilatar en su verdadera dimensión lo malo. Estar con los sentidos crispados sólo provoca que las cosas vayan de mal en peor al generar las reacciones que ya mencionaba. Ojalá todos se analizaran como tú y dijeran ‘realmente esta actitud no me trae nada bueno’ y se esforzaran día a día por evitarla. Lástima que no, las autojustificaciones sobran, desde ‘los demás me están agrediendo, me tengo que defender’ hasta ‘me vale’ simplemente.

    Muy buen post y muy buena reflexión.

    Saludos (apenas pude dejarte comentario 😉 )

    @karyva

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  2. Pues yo no manejo pero esto se aplica a cualquier ambito social de la vida, vaya hasta en el super hay personas histéricas neuróticas que te pegan en los talones con los carritos o se meten en la fila.

    Hay veces que uno por otros asuntos no puede estar totalmente tranquilo y dejar que los demás se coman entre ellos… pero lo mas sano siempre es no pelar, y ver por uno mismo, esto es, ver por no morir de un ataque cardíaco por andarse molestando con los demás.

    Ojalá todo el mundo lo aplicara, y en todos lados :S

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  3. Me encanta que además de ser todo un sociólogo del volante eres buenísimo para contárnoslo. Tu post me devuelve la fe en que la gente cuando quiere puede aprender a escribir, a manejar, a respetar al otro, a idear una sociedad mejor. Por esto y mucho más y hoy que es viernes te voy a dar un #FF.

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  4. Voy a probar tu técnica de 2 dias de diferente actitud…a ver como me va. Buen Post..Gracias¡ es un placer leerte

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