…y mi palabra es la ley

En muchas ocasiones he escuchado que personas en la calle o compañeros de trabajo expresan, cuando son cuestionados, algo similar a: “así lo hago yo, ¿y qué?” o bien, expresiones como “se puso vivo” para justificar la acción ilegal o no-ética de otros, como si esa acción fuera una aspiración o modelo a seguir, o bien, la ejecución de acciones en perjuicio de otro pero en beneficio propio, estuviese justificada.

No pretendo llenar de “moralina” mi blog, pero sí de ética, y no es lo mismo.

Desgraciadamente en pos de la libertad y el progreso, algunas personas justifican la ilegalidad e incluso llegan a admirar a quienes violan las leyes. Sobre el que roba tarjetas de crédito y realiza fraudes bancarios, sobre el comerciante que vende cigarros y licor a menores con tal de vender, sobre aquel que invade carriles al manejar y pone en peligro a demás automovilistas porque ‘él tiene que llegar a tal o cual lugar’… y la lista puede ser interminable.

Desgraciadamente, en mi opinión y entre muchos defectos, tenemos dos que afectan nuestra convivencia:

1.- mala memoria
2.- poca capacidad de asombro

Ambos nos empujan a conductas humanamente terribles, por simples que éstas parezcan. El primero nos limita para reconocer el peligro que se avecina a partir de una acción ejecutada, es decir, no nos permite ver el peligro a largo plazo; el segundo nos impide analizar ese mismo peligro a corto plazo.

Fernando Savater, en diversas obras (pero principalmente en “Ética para Amador”) menciona a la “capacidad de asombro” como requisito para filosofar. Y filosofar es cuestionar, discutir, enfrentar y exponer nuestras ideas, cuestionar lo establecido y despojarlo de su identidad, para así poder ‘conocer, ergo respetar’… Todo esto implica también aceptar la crítica y criticar, cuestionar y aceptar ser cuestionado y no aferrarnos al ego que nos habla de nuestra perfección y de la imperfección ajena.

Sería ilógico pensar que aceptaremos una sociedad que no acepte ser cuestionada y que acepte que todo el mundo puede hacer lo que le venga en gana solo porque así lo desea, que todos pueden violar la ley mientras ‘no me afecte a mí’, que todos pueden ver con indiferencia al que sufre… sin saber si sufriremos mañana. Sería ilógico pero… vivimos ya en esa sociedad.

Ya casi nadie cuestiona, todos aceptan lo que nos es impuesto y la mayoría excluye (sin criticar) al que piensa o gusta de algo diferente: se cuestiona si no te gusta el futbol, se cuestiona si lees un libro, se cuestiona si no ves televisión o si no eres adicto a las compras o bien, si no te gusta asistir a una ‘parranda’ o si no vas a los ‘antros’… pero no se cuestiona si manejas ofensivamente y ocasionas accidentes; no se cuestiona si el diputado no legisla en pro de sus representados o si el presidente municipal se enriquece misteriosamente; no se cuestiona si, por tener lo que deseas, brincas por encima de las reglas que nos deberían permitir convivir a todos en paz.

La democracia implica reconocer al otro, no solo en su existencia, sino en que su pensamiento y opinión (principalmente eso) es y será distinta a la nuestra, pero también implica, sobre nuestra propia consciencia y existencia, el cuestionarla, cuestionarla siempre y criticarla (sin ofensas)… si no nos cuestionamos (atacando a nuestro ego) y no aceptamos a los demás en sus diferencias y reconocemos que merecen existir como tales, siendo tolerantes, y partimos de ahí para ponernos de acuerdo, entonces nunca lograremos ser una comunidad democrática (y no hablemos de una nación).

Respetar a los demás y respetarnos nosotros mismos implica respetar no solo a los otros, sino a las reglas que nos permiten convivir con ellos y permiten a ellos convivir conmigo.

¿Nos merecemos una democracia? Tal vez, pero no nos la hemos ganado.

Esta es mi opinión, y… ¿tú qué opinas?

@Eduardopolis

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Categorías:Sociedad, Tolerancia

2 respuestas

  1. Me encantó el post, para empezar, pones definitivamente el dedo en la llaga. No es posible convivir si no hay un mínimo de reglas y formas que respetar, empezando por la tolerancia y continuando con respetar las reglas y hacerlas respetar.

    Pero parece ser que somos una sociedad que ya llegó al punto en que ser corrupto (es decir, en el que la ética es lo último en lo que se piensa y primero se piensa en la tranza) es normal, aceptable y hasta ‘fregón’.

    El que una persona cuestione algo, así sea desde su limitado punto de vista (todos estamos limitados a nuestra cultura, educación, incluso lugar donde vivimos) no tiene por qué ser rechazado y desestimado como si por no tener la misma tendencia, educación y cultura fueran argumentos para excluir a alguien. Y el ego, el gran obstáculo para muchos para crecer y para aprender, es el obstáculo a vencer, el tratar de salir del yo para entrar en el nosotros.

    Difícil, pero podemos seguir esforzándonos los que aún tenemos tantita capacidad de asombro, ¿no crees? Saludos.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con lo que mencionas, es importante que aprendamos a observar nuestras acciones para con la sociedad pues de dichas acciones se compone el bienestar de todos juntos.

    Porque no falta el que dice: “Para que pongo direccional si los demás no la usan” creo que debemos empezar por nosotros mismos y si los demás lo hacen no importa hay que seguir en ese camino para poder pronto gozar de una sociedad mas respetuosa con los asuntos que en definitiva nos pertenecen a todos.

    Felicidades por tu Blog!! :O)

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